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Ama a tu prójimo indocumentado

¿Podrá la gente de fe ser fieles a la verdad del llamado de Cristo a la compasión mientras defiende la ley?

Como ciudadana norteamericana, entiendo las dificultades y el estrés dado que hay millones de indocumentados que cruzan nuestra frontera. 


Lisa Steele
Pero también he visto las caras de la inmigración ilegal en mi propio vecindario. He trabajado con hispanos y ministerios de acercamiento en la iglesia de Cristo Antioch en Nashville, Tennessee. Nuestra comunidad tiene una gran población de latinos, y nuestra iglesia ayuda a la gente con estudios Bíblicos y clases gratis en inglés como segunda lengua. Hemos provisto de intérpretes en español durante nuestros servicios de adoración.

He viajado a Nicaragua, México, El Salvador y Honduras, y he visto la pobreza de estos lugares – y la desesperanza de los padres, en los ojos. Entiendo porque ellos quieren una vida mejor para sus niños y que harían cualquier cosa por obtenerla.

Como cristiana, siento empatía y amor por ellos.

Hay un estimado de 11 a 12 millones de indocumentados hispanos viviendo en los Estados Unidos, aunque el número es difícil de verificar.  Y un aumento en el último año de 63,000 jóvenes y niños no acompañados – huyendo de bandas y violencia en sus patrias de Centroamérica – hacia los Estados Unidos, causando terrible estrés en nuestro sistema legal, costando innumerables millones de dólares.

¿Cómo puedo reconciliar querer amar a mi prójimo indocumentado y querer defender a la ley?

Levítico 19 dice: “Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal.  Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto.”

Sin embargo Romanos 13 dice: “Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.  Por lo tanto, todo él que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo.”

Y en Mateo 22, Jesús nos dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”

Dan Carroll, autor de “Cristianos en la Frontera: Inmigración, La Iglesia y la Biblia” (“Christians at the Border: Immigration, the Church and the Bible”) cree, como yo, que “los cristianos deben considerar y actuar en la situación de los inmigrantes hispanos como cristianos.”

Lo que es inquietante para mi es que, muy seguido, tenemos la misma respuesta al problema de la inmigración como las personas que no son creyentes. Estamos tan ocupados declarando que necesitamos retener nuestra forma de vida que olvidamos quien nos ha dado esa vida.

Cuando el problema de la elevación de costos en las escuela y hospitales sale a relucir, normalmente lo refutamos recitando Romanos 13. Aunque estos son problemas reales, ¿Dónde queda el amor y la compasión que vemos en la vida de Jesús mientras tratamos de buscar respuestas?

Jesús se asociaba con personas marginadas, vagabundos. Se sentaba con los pecadores. Estos eran personas que frecuentemente eran marginadas por su comportamiento o por su condición física.

Tantos trabajadores indocumentados viven al margen de la pobreza, con poca protección legal, y frecuentemente son víctimas de la codicia de otros. Pueden ser vistos como leprosos o vagabundos. Al excluirlos, estamos perdiendo la oportunidad de tener compañerismo y amistad y también la oportunidad de mostrarles compasión.

Como norteamericanos, estamos preocupados por las leyes de nuestro país y por el bienestar de nuestra nación. Estamos frustrados y enojados de que muchos inmigrantes han entrado ilegalmente a nuestro país.

Pero, como ciudadanos del cielo, estamos profundamente preocupados por el bienestar de estas mismas personas – quienes trabajan en nuestros vecindarios y mandan a sus niños a la escuela, junto con los nuestros.

Oro por una nueva realidad. Quiero ver un mundo donde la gente de Latinoamérica pueda ser fructífera y completa en sus países de origen. Latinoamérica puede ser un lugar donde la gente tenga suficiente para comer, donde no tenga miedo a su propia policía y pueda recibir una buena educación.

Sí, es una meta muy grande – incluso idealista – y podría parecer imposible de alcanzar. Pero la palabra de Dios me dice que todas las cosas son posibles en Cristo Jesús. Yo creo que eso incluye una reforma social.

Mientras tanto, yo mantendré límites específicos cuando interactúe con inmigrantes indocumentados. Jamás ayudaré a alguien a entrar al país ilegalmente. No mentiré por nadie.

Pero haré lo que pueda para ayudar legalmente a cualquier persona que se encuentre marginada en nuestra sociedad. Ayudaré a los indocumentados a obtener sus documentos. Yo patrocino a personas para la ciudadanía. Les ayudo a encontrar abogados cristianos.

Sobre todo, intento compartir el evangelio con ellos y mostrarles el amor de Jesús – con palabras y acciones. Quiero pasar la eternidad con mis nuevos hermanos y hermanas. Es verdad. Muchos de estos trabajadores indocumentados ahora son mis hermanos y hermanas en Cristo. Somos una familia.

Oro que un día me pueda presentar ante Dios y saber que intenté mostrar compasión y misericordia hacia otros, a pesar de su estatus legal.

LISA STEELE es decana asistente de la vida estudiantil y directora de desarrollo intercultural  y servicios para los estudiantes latinos de la Universidad Lipscomb en Nashville, Tennessee.

Filed under: One Nación Under God Opinion Series Views

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